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¿Sabías que... uno de los primeros aspiradores necesitaba
dos personas para su manejo?
El nacimiento del aspirador se debe precisamente a un alérgico
al polvo. El norteamericano Bissell, que así se llamaba esta
persona, patentó en 1876 un cepillo giratorio. Aunque habría
que esperar varios años, primero para que evolucionase el
aparato y se convirtiera en un electrodoméstico eficaz y
manejable y, después, para que se extendiese su uso fuera
de los grandes establecimientos.
Se registraron varias patentes de máquinas que pretendían
terminar con la ardua tarea de eliminar el polvo. En 1896 el inglés
Gaffey registró un aparato aspirador y el norteamericano
Kenney solicitó una patente en 1901 que, finalmente, le fue
concedida en 1907.
En 1901, el inglés H. Cecil Booth patentó su rudimentario
invento. Era una máquina de grandes proporciones, que necesitaba
de dos personas para su manejo. Quizá por eso no se hizo
popular, sino que sus usos se limitaban a grandes espacios públicos.
El aparato del que derivarían todos los modelos de aspirador
posteriores se creó en 1907 por Murray Splenger, aunque otras
voces lo atribuyen a William Hoover, también en 1907, siendo
la marca Hoover todavía hoy líder en el mercado de
aspiradores.
El reconocimiento y expansión de este electrodoméstico
vino de manera fortuita. En la Primera Guerra Mundial se ordenó
llevar al Crystal Palace quince aspiradores para eliminar el polvo
de suelos, paredes, techos y escaleras, debido a que el establecimiento
alojaba a enfermos de tifus exantemático, enfermedad que
los médicos decían que se propagaba a través
del polvo. Se extrajeron 36 camiones de polvo y se terminó
con la epidemia. Aunque quizá fuese una casualidad.
Desde entonces, el aspirador sufrió numerosos cambios e
innovaciones hasta llegar al aparato que conocemos en la actualidad
y que es habitual en numerosas viviendas y espacios públicos.
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