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¿Sabías que... la sopa es uno de los platos más
antiguos?
Se supone que ya el hombre primitivo elaboraba sopas, aunque no
se tiene constancia de tales preparados. Sí se sabe, por
el contrario, que los hebreos elaboraban un caldo a base de carne
y cereales hervidos.
Los primeros caldos que están documentados, según
se recoge en la Historia de la alimentación, de Gottschaalk,
tenían dos vertientes, una dulce y otra amarga. Por un lado,
los caldos dulces se elaboraban con verduras frescas en su estado
natural; los caldos amargos, se preparaban con plantas ácidas,
como las ortigas, o con el método de la fermentación,
ya fuese alcohólica o láctica.
El pueblo griego era amante de los caldos claritos y con cereales,
aunque las sopas fueron más apreciadas por los romanos. Roma
tuvo una gran tradición sopera, contando con el caldo como
plato cotidiano. Una de las recetas básicas estaba compuesta
por garbanzos y productos de temporada, como legumbres, frutas y
queso, entre otros ingredientes.
La decadencia de Roma coincide con el auge de las sopas, llegando
a transformarse en un alimento de lujo y lleno de fantasía.
En la Edad Media, la sopa tuvo su momento de máximo esplendor.
Así, se elaboraban todo tipo de potajes y caldos con ingredientes
que hoy en día siguen estando en las recetas de cocina más
populares, como los cereales, azafrán, ajo o huevos; y otros
materiales tan inauditos como el agua de rosas o el azúcar.
Desde su creación hasta nuestros días, la sopa ha
sido considerada como un alimento básico en la dieta humana,
tanto para las clases más humildes como para las más
pudientes. La diferencia estriba en los ingredientes que se metan
al puchero, desde agua y pan, hasta la más exquisitas delicias.
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